
Cuba 2005: La Habana, Trinidad, Cienfuegos, Camagüey y Santiago de Cuba
Texto e imágenes: Juan Carlos Enrique
La llamada de Cuba, el sexo y la vaca.
(19/7/2005)
Mi amigo buen amigo Eduardo Mas pasa desde hace quince años sus vacaciones
de verano en la Bretaña francesa. Si preguntamos a cualquier persona
cual cree que es el motivo por el que el bueno de Eduardo elige volver
una y otra vez a este rincón del mundo, con toda probabilidad la respuesta
será "porque le gusta el lugar". Y acertarán.
Sin embargo cuando yo anuncio que estoy preparando mi séptimo viaje a
Cuba en solitario, la gran mayoría de la gente que conozco piensa "éste
va a llevar a la cama a todo lo que pille". Y se equivocarán. Por desgracia,
para la mayoría, la triste popularidad de Cuba como destino de turismo
sexual anula de inmediato cualquier otra posible motivación.
Fue tras mi tercer viaje, hace ahora cinco años, cuando dejé de explicar
los verdaderos motivos por los que vuelvo a Cuba. Hace mucho que no explico
a nadie que en este fascinante rincón del mundo he conocido a personas
que puedo decir sin ningún género de dudas que son mis amigos. Dejé
de explicar la belleza mágica de las playas y fondos marinos de este
país. Ya no hablo a nadie de la desconocida sensación de libertad que
supone para un ejecutivo sumergirse en un mundo donde el reloj y la prisa
no existen.
Ya no explico estas cosas porque no quiero decepcionar a aquellos que
al conocer el destino de mis vacaciones, me miran con mirada cómplice
y me dicen, al tiempo que me dan una palmadita en el hombro, aquello de
"como te envidio" o "tírate a una negra por mí". Son más felices pensando
lo que para ellos es más obvio.
Hago lo mismo que aquel campesino del cuento que tras intentar ordeñar
a su vaca y sufrir un curioso percance, acabó con los pantalones a media
altura agarrado a los cuartos traseros del animal en embarazosa posición.
Al ser preguntado por otro campesino que por allí pasaba y observó la
escena, le dijo "me estoy beneficiando a la vaca, porque si te cuento
la verdad no me vas a creer".
Tras un largo año sin visitar Cuba, hoy el destino ha decidido llevarme
de nuevo dentro de muy pocos días allá. La imposibilidad de encontrar
un vuelo a Ecuador, lo limitado de mi presupuesto para este viaje y la
siempre presente llamada de Cuba, han sido factores determinantes para
que sea una realidad mi vuelta a territorio cubano.
En este blog será un diario de ruta que actualizaré desde Cuba a partir
del día 26 con la mayor frecuencia que las condiciones del viaje me permitan.
No siempre se dispone de una conexión a internet en un país como Cuba.
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Pereza. O la capacidad de adaptación del ser humano.
(25/7/2005)
Faltan unas horas para la partida. Hoy
he dedicado el día a realizar algunas compras. La última Lonely
Planet. Un antihistamínico contra posibles infecciones. Una novela,
"La Reina del Sur" de Reverte, para amenizar las horas de viaje. Una pequeña
libreta que será mi agenda de viaje. Hace
unos minutos que cerré ya mi pequeña mochila. Primera ley del viajero:
llevar poco equipaje.
Todo está a punto. Y
es en este instante cuando me invade la ya conocida sensación de pereza.
Es curioso. Cada vez que emprendo un viaje en solitario me ocurre lo mismo.
No me apetece nada iniciarlo. Es demasiado cómodo el día a día como
para complicarlo marchándome a pasar incomodidades.
Pereza. La misma pereza que sin duda,
dentro de algunas semanas tendré cuando me disponga a iniciar el viaje
de regreso a casa. Curiosa habilidad la del ser humano para adaptarse
al entorno.
Hoy es mi última noche inmerso en la
rutina diaria. Mi próximo artículo lo publicaré desde la casa
de mis buenos amigos Bartolomé
y Mercedes, en Guanabo. A unos 30 kilómetros al este de La Habana,
será mi primera parada en territorio cubano. Y la única prevista con
antelación.
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Llegar
a mi destino final en Cuba, supone más de veinte horas de viaje desde
el momento en que salgo de casa hasta que por fin llego a destino. En
ese tiempo, un rutinario viaje que consta de taxi hasta la estación de
Castellón, tren hasta Madrid, metro hasta Barajas, larga espera en el
aeropuerto, casi 10 horas de vuelo y finalmente un taxi cubano para recorrer
los últimos 40 kilómetros que separan el aeropuerto de la ciudad de
Guanabo.
Hasta la última hora de vuelo, la cosa
carece de más interés que la lectura de la historia de la narcotraficante
mexicana Teresa Mendoza contada magistralmente por Arturo Pérez-Reverte.
En la última parte del vuelo, si llegamos de día, no hay que perderse
el impresionante paisaje que se divisa desde el Boeing 767 de Air Europa.
Primero la vista de las Bahamas. Después, territorio cubano. Primero
el perfil inconfundible de Varadero, la Bahía de Matanzas y despúes
el verde omnipresente de Cuba hasta llegar al aeropuerto de La Habana.
La llegada, tras el militarizado control
de pasaportes, supone la siempre desagradable tarea de batallar con los
taxistas que operan en la terminal internacional que, sabedores de su
sitación de monopolio, tratan por todos los medios de estafar a los viajeros,
aprovechando bien su cansancio, bien su inexperiencia en Cuba,o bien ambas
cosas. Al final siempre lo consiguen para desgracia del visitante que
es recibido en Cuba con una estafa.
Eso sí, tras el disgusto del taxi, que
no por conocido resulta menos cabreante, acabo llegando a la casa de mis
amigos Mercedes
y Bartolomé en Guanabo. Visita obligada en todo viaje que realizo
a Cuba. La conversación siempre enriquecedora de Bartolo y la excepcional
cocina criolla de Mercedes, junto con un primer roncito con su vecino
y amigo Regino, hacen que el balance de la agotadora jornada acabe por
ser altamente positivo, como no podía ser de otro modo.
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Las dos pasiones de Hemingway.
(28/7/2005)
La población costera de Guanabo, al
este de La Habana, es una zona privilegiada. Aquí,
cubanos con cierta solvencia y extranjeros, pasan sus vacaciones en casas
alquiladas o en habitaciones en casas particulares, junto a la playa.
Guanabo no es un guetto turístico como Varadero, pero tampoco es la Cuba
rural de las provincias orientales. Eso
sí, sólo hace falta viajar algunos kilómetros hacia el interior a pequeños
poblados como La Gallega donde estuve esta misma tarde, para que todo
cambie.
Hoy
pasé el día con mi amigo Regino en Marina Tarará donde él trabaja.
Es un pequeño puerto deportivo integrado dentro del complejo Villa Tarará.
Un extenso complejo que combina salud y turismo de una forma un tanto
peculiar. Por una parte, turistas rusos, orientales y europeos, alquilan
casas con ciertos lujos en la zona. Por otra parte, aquí se han tratado
a los niños afectados por el accidente de Chernobyl, en Ucrania. Hoy
el complejo, que vive momentos de cierta decadencia, se está reconvirtiendo
en un lugar donde acude turismo de salud, fundamentalmente venido desde
Venezuela.
En
mi caso la jornada la dediqué al mar. Día de pesca de altura del marlin
- el pez espada que venía a pescar Hemingway en estas mismas aguas desde
su cercana casa de Cojimar - y buceo en la barrera de coral de Guanabo.
Al final la jornada de pesca se saldó con una barracuda de unos 6 kilos
- próximamente fotos -, que hubo que devolver al mar por el problema
de la cicuatera, una toxina peligrosa para el ser humano que proviene
de los corales y que afecta a los depredadores de arrecife coralino, como
es el caso de la barracuda. Los marlins ni verlos.
La
tarde transcurre tranquila. La comparto ya en Guanabo, con Leo. Un alemán
que ocupa la otra habitación en alquiler de la casa
de Bartolomé y Mercedes. Con cierta dificultad por nuestro inglés
poco fluido, Leo y yo charlamos sobre viajes. El tipo, que es camionero,
ha trabajado con diversas ongs en zonas tan complicadas como Bosnia, Haití
o República Dominicana. Tan interesante conversación requería compartir
una botella de ron cubano.
Interrumpo nuestra charla unos minutos
para escribir estas líneas. Tras enviar este texto, retomaré la charla
con Leo, mientras su apática y negrísima novia cubana, pese a mis esfuerzos
por traducirle la conversación,
seguirá aburriéndose soberanamente.
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Un día tranquilo en Guanabo.
(29/7/2005)
El
sol tropical tiene su peligro. Incluso para quienes estamos acostumbrados
a las lídes marineras. El exceso de sol de ayer me ha obligado a adaptar
las actividades del día a esta circunstancia. Hubo mar un día más,
pero fue a eso de las 7 de la mañana. Ver amanecer en el Atlántico tropical,
es toda una experiencia. Las playas de Guanabo, abarrotadas a partir de
media mañana, presentan una actividad relajada con las primeras luces
del día. Algunos pescadores, buscadores de objetos extraviados, cubanos
que todavía andan alargando la noche, bañistas madrugadores... Mi
paseo matinal ha finalizado con un baño en las transparentes y calmadas
aguas junto al rio Guanabo, en el límite territorial de la población.
El sol, poco antes de las 9 de la mañana, se hace notar ya.
Tras el baño, antes del desayuno en
la casa, una visita al Mercado Agropecuario de Guanabo. Los agromercados
forman parte de la vida diaria de cada población de Cuba. En ellos, se
venden frutas, verduras y carnes a precios cubanos, en la moneda nacional
cubana, los pesos. Hay que recordar que Cuba cuenta con una doble economía
y doble moneda.
Me cuentan que los mercados andan un
tanto desabastecidos tras el paso del huracán Dennis. Aun así es un
espectáculo pasear por los puestos y tratar de identificar las frutas
y verduras que allí se venden: papayas, mangos, plátanos, guayabas,
cítricos, ají...
El
resto del día transcurre a lo cubano. Con mucha tranquilidad. Ahora un
paseo por la avenida 5a de Guanabo, un cafetito en el patio de la casa
de Bartolomé y Mercedes, un nuevo bañito en la cercana playa, una escapada
para comprar una "cajita" de comida en uno de los puestecitos cercanos...
Un día tranquilo en Guababo, víspera
de una jornada mucho más activa. Mañana con las primeras luces, pretendo
dejar Playas del Este, para dirigirme hacia La Habana primero y hacia
la ciudad de Cienfuegos después. Un trayecto de algo menos de 300 kilómetros,
que espero poder cubrir en autobús.
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La habana y sus jineteros.
(30/7/2005)
Las
previsiones se cumplieron. Hoy llegué a Cienfuegos. Antes, el siempre
pintoresco paseo en la guagua 400 desde Guanabo hasta Centro Habana. Es
admirable el optimismo del cobrador de estos autobuses que, pese a que
parece humanamente imposible que una persona más pueda subir al vehículo,
sigue animando a los acalorados y apretados viajeros. "A ver ese pasillo,
caminen, que queda mucho espacio al fondo. Venga apúrense". Toda una
experiencia viajar "a lo cubano". Da una idea de lo terrible del problema
del transporte en este país.
Ya
en La Habana, decido hacer un largo paseo de más de dos kilómetros
desde el Capitolio y el Parque Central - donde me deja la 400 -, hasta
la terminal de omnibus - autobuses interurbanos - que se encuentra junto
a la imponente Plaza de La Revolución, escenario de los multitudinarios
discursos del comandante en jefe.
La Habana es una ciudad impresionante. Es imprescindible visitarla al menos durante dos o tres días si uno viaja a Cuba por primera vez. Su ritmo frenético, sus olores y colores, sus gentes, su impresionante arquitectura son únicos en el mundo.
Sin embargo,
hay algo que impide disfrutar plenamente del ambiente de la ciudad:
la legión de buscavidas que en ella operan.Alguien con una mochila a la espalda, se convierte
en objetivo de todos y cada uno de los buscavidas con que se cruza.
También se les llama jineteros, lo que literalmente significa que "se
suben a caballo de los turistas" para conseguir algo de ellos. Ese algo
puede ser vender una caja de puros falsos, conseguir que les inviten
a una cerveza, llevarlos a una casa de alquiler cobrando
una comisión,
venderles el culo de alguna amiga o familiar -¡o de su propia esposa!- a la que chulean, o venderte su propio
culo si se tercia. Si uno se encuentra con estos personajes por primera
vez, puede ser interesante e incluso útil yaque pueden ser guías.
Cuando has tratado con ellos varias veces, la cosa cambia.Aunque con la experiencia uno sabe como quitarse
de encima a estos moscones con cierta rapidez y sin dejar de esbozar
una sonrisa, la verdad es queson capaces de romper, al menos en parte,
la magia del paseo.
Al fin, llego a la estación de omnibus Astro, donde tras una larga espera - absolutamente para todo hay que hacer una larga espera en Cuba -, consigo salir para Cienfuegos, mi próximo destino.
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El discreto encanto de Cienfuegos.
(30/7/2005)
Con poco más de 100.000 habitantes y una organización en cuadrícula,
siempre mirando a la bahía, Cienfuegos es un lugar sin duda apacible
y acogedor. Su fundación y desarrollo ocurridos durante el siglo XIX,
hacen que su interesante arquitectura colonial presente un buen estado
de conservación. El parque José Martí es merecedor de una visita, asi
como el impresionante Paseo del Prado, vial que con mas de 3 kilometros
de largo, cruza toda la ciudad hasta llegar a Punta Gorda. En este lugar
encontramos algunas de las casas coloniales mas bellas y mejor conservadas
de toda Cuba.
La
ciudad vive de cara a la Bahía de Cienfuegos, que pese a estar un tanto
contaminada a causa de la industria pesada que ocupa parte de la misma,
tiene un indudable encanto. La puesta de sol sobre la bahía vista desde
alguna de las cafeterias del Malecón es un es un espectaculo espléndido.
(Ver fotografía)
Sorprende la intensa vida nocturna de Cienfuegos. Locales como el Patio
de Artex, la Casa de la Música o los Jardines de la Uneac - la Unión
Nacional de Escritores y Artistas de Cuba -, todos junto a la bahía,
son el centro de la animada noche cienfueguera. Una noche, que cuenta
además con una peculiar fauna. Ademas de los cubanos y
turistas, y una nutrida presencia de gays y travestis, encontramos una
importante colonia de estudiantes lationamericanos. Cienfuegos acoge un
programa educativo internacional, y es aquí donde se forman médicos
de toda America Latina y el Caribe. Incluso de lugares como Canada o también
españoles.
Anoche, la casualidad y la amabilidad de Juan Carlos, un estudiante chileno,
hizo que me integrara en un grupo de estudiantes de este programa. Andaban
celebrando su graduación. Compartí una larga noche de ron y baile con
chicos y chicas de Argentina, Chile, Colombia, Canada, Guayana y Santo
Domingo, además de algun que otro cubano amigo de ellos. Una noche divertida
y culturalmente enriquecedora - la gente conversa mucho frente a una botella
de ron - , que se prolongó hasta el amanecer, hora en que me retiré
a la casa
de Lucy y Negrín.
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Rancho Luna. La playa de Cienfuegos.
(30/7/2005)
Sin duda una visita a la playa es un buen plan después de una larga noche.
Sin embargo, ir hasta la playa requiere desplazarse. Las aguas de la Bahia
de Cienfuegos, muy turbias, no son lugar adecuado para el banyo. Por ello,
los cienfuegueros se desplazan hasta la playa Rancho Luna, 19 kilómetros
al sur de la ciudad, ya en la parte exterior de la bahía.
El transporte desde la ciudad hasta la playa no es un problema. Desde
las 7 de la mañana y hasta las 7 de la tarde, hay un servicio regular
de destartaladas guaguas que realizan el trayecto. El viaje cuesta
un peso cubano - CUP -. Con un pooco de suerte, se puede conseguir viajar
sentado, ya que estas guaguas incluso en pleno sábado de verano,
no van excesivamente llenas, excepto a horas punta.
La costa en toda esa zona es rocosa y con abundantes arrecifes de coral
que parten desde la misma orilla. Solo una pequeña porción de la zona
es arenosa. Es allí donde se concentran los bañistas. En fin de semana,
son muchos los cubanos que hasta Rancho Luna se desplazan a pasar el día.
El bullicio de la zona es importante. Los bañistas se mezclan con numerosos
puestos de venta de cervezas, ron dispensado, refrescos, pizzas, bocaditos,
frituras y frutas.
Además de la zona más popular, la de la playa arenosa, si avanzamos
por la costa hasta el este poco más de 500 metros, llegaremos tras un
recodo a la playa del Hotel Rancho Luna, mucho menos concurrida. Este
hotel, y también el hotel Faro Luna, más al oeste, cuentan con centro
de buceo que permite realizar inmersiones en la zona. Quizás mañana
bucee allí. Si esta noche no me excedo demasiado, claro.
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Sobre cuanto tenemos que aprender los europeos de
cubanos y latinoamericanos.
(31/7/2005)
El sentido común ha recomendado no bucear hoy. Anoche de nuevo me dejé
seducir por el indudable encanto de la noche de Cienfuegos. Comencé la
velada tras una excelente cena criolla en la casa
de Negrín y Lucy, en la Casa de la Música. Este peculiar recinto,
acoge conciertos y actuaciones de todo tipo. Está ubicado muy cerca de
Punta Gorda, y tiene el encanto de que su escenario está rodeado por
las aguas de la bahía. Anoche actuaron allí un grupo de famosos humoristas
cubanos de televisión.
Entre
ellos el Cabo Pantera, del que había oido hablar mucho en mis viajes
por la isla. Cuatro micrófonos con un pésimo sonido, seis humoristas
en el escenario y tres o cuatrocientos cubanos alrededor.
De ahí de nuevo al Artex, donde estuve la noche anterior. Esta vez la
actuación era de un trio musical poco interesante que interpretaba canciones
románticas. Tomando una cerveza en la barra del hall de la terraza, apareció
Lucía, una enfermera cordobesa recién llegada a Cienfuegos. Un comentario
oportuno hizo que terminara incorporándome a su grupo formado fundamentalmente
por enfermeros y enfermeras españoles que acababan de llegar a Cuba para
realizar un curso de verano en la Facultad de Ciencias Médicas. La reunión
fue poco interesante y la terminé abandonando al cabo de un rato, ya
que aunque la cordobesa derrochaba simpatía, el resto de españoles recelaba
del recién llegado - yo mismo -, formando un grupo hermético.
Tras
un tiempo en el Artex, abandoné el local rumbo al Malecón. Allí de
nuevo me encontré al guyano Dexter, uno de los estudiantes caribeños
de la noche anterior junto a dos argentinas y una chilena que también
conocí el viernes noche. Con ellos estuve hasta la madrugada, reflexionando
entre copa y copa sobre la falta de apertura a los demás que tenemos
los españoles. Y eso que teóricamente somos mucho más abiertos al trato
humano que ingleses, alemanes o franceses.
Para acabar de confirmar mis pensamientos de la noche anterior, hoy tuve
un día muy cubano. Hacia mediodía me dirigí a la parada de guaguas para la playa Rancho Luna. Las dos largas horas de espera sirvieron para
que intimara con un grupo de cubanos que también se dirigían allá.
Tres chicas y
un
chico, el marido de una de ellas. Al final terminé pasando con ellos
una maravillosa jornada en la playa - gracias Omey -, bebiendo una tras
otra varias botellas de ron dispensado, un ron a granel que los
cubanos compran en moneda nacional, mientras nos bañábamos y conversábamos
en las aguas de Rancho Luna bajo la intensa lluvia. Pese a ser gente evidentemente
muy humilde, no consintieron que pagara ni una sola de las cuatro botellas
de ron que compraron. Por la noche los invité a cenar una pizza en una
cafeteria y a compartir una botella de Havana Club, era lo mínimo que
podía y quería hacer.
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Anoche decidí dejar ya Cienfuegos y partir hoy para un nuevo destino,
la ciudad de Trinidad. Esta ciudad ubicada en la provincia de Sancti Spíritus
es una de las más visitadas por los turistas.
Parto por la mañana en un Chevrolet del 52 alquilado por Henry, un francés
de pocas palabras que ocupa la otra habitación en alquiler de la casa
de Negrín y Lucy. Ha aceptado amablemente cederme un puesto en el
vehículo que ha alquilado a un particular por 40 CUC a cambio de abonarle
los 6 CUC que cuesta el mismo trayecto en un autobús de Viazul. Nos acompaña
la dueña de la casa, Lucy que acompañará al francés en su excursión.
Aprovechamos
el coche para hacer una parada en el Jardin Botánico de Cienfuegos, donde
realizamos una rápida visita guiada para conocer algunas de las espectaculares
plantas tropicales que en este recinto se cultivan desde 1901. El jardín,
nos avisan en la taquilla, está muy deteriorado por el reciente paso
del huracán Dennis. Pero aún con este inconveniente, la visita resulta
agradable.
De ahí, el paseo en coche hasta Trinidad - rumbo Este- transcurre en
un paisaje en el que a nuestra izquierda aparece la Sierra del Escambray
y a nuestra derecha, el mar Caribe. Los efectos del ciclón Dennis son
más visibles a medida que nos aproximamos a Trinidad. Esta región fue
una de las más afectadas por el huracán. Trinidad estuvo quince días
sin agua ni luz y afectó de manera importante a la vida de la población,
que poco a poco, todavía recupera su ritmo normal.
Trinidad,
es una ciudad pequeña. Su centro histórico, fundado por los conquistadores
españoles en 1512, está actualmente declarado como Patrimonio de la
Humanidad por la Unesco. Sus palacios, iglesias, sus empedradas calles
y sus característicos techos de teja, merecen sin duda un relajado paseo
que realizo en compañía de Henry y de Lucy.
Continuará...
(El centro de internet del Parque Céspedes de Trinidad va a cerrar ya.
Ahora mismo diluvia en la ciudad...)
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Trinidad. Ciudad patrimonio de la humanidad.
(2/8/2005)
Trinidad
y su casco histórico tienen desde luego un encanto especial. Esta ciudad
es el equivalete caribeño a una ciudad medieval europea.
El centro del casco antiguo de Trinidad, es el lugar donde comenzar mi
paseo en compañía de la cienfueguera Lucy y el parisino Henri. La antes
ajardinada plaza - ahora arrasada por el ciclón - está presidida por
la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, ahora en ruinas, excepto
su fachada principal que se conserva. Junto a ella, el Museo Romántico
merece una visita. Se trata de una mansión colonial construida entre
los siglos XVIII y XIX, que perteneció al español Nicolás Brunet. Brunet
dirigía en el XIX desde este palacio sus negocios azucareros explotados
por esclavos. Hoy, la casa puede visitarse como museo y alberga una impresionante
colección de objetos que recrean la vida en aquella época.
Tras la visita al museo, asciendo por la calle Bolivar hacia la parte
más alta de Trinidad. En esta zona se ven algunas de las mejores casas
coloniales de la ciudad. Muchas de ellas alquilan habitaciones a los turistas
al precio de 15 a 25 CUP. La casa de Mariene Ruiz - calle Bolivar 515
-, que tuvo la amabilidad de enseñarme, es una de las más pintorescas
de la zona.
Muy cerca de la Plaza Mayor, en la calle Martínez Villena, hay un lugar
donde hacer un alto en el camino para combatir el intenso carlor. Se trata
de La Canchánchara, un local que recibe su nombre de este cóctel compuesto
por aguardiente, miel, limón y agua. Se recomienda precaución en su
consumo. Testado en carnes propias. El local, además de la canchánchara,
ofrece actuaciones de músicos cubanos ante el tropel de turistas que
lo visitan.
En La Canchanchara, me despido de Lucy y Henri, que vuelven hacia Cienfuegos.
Y me quedo en Trinidad, alojado en una casa cercana al Parque Céspedes,
en la zona nueva de la ciudad. Es la casa
de Miriam Ramos - calle Frank País 185 -. Es una casa que alquila
una sencilla habitacion con aire acondicionado por 15/20 CUC -pesos convertibes
que equivalen aproximadamente al euro - .
Decido
aprovechar que me quedo solo, para dejar el centro histórico y hacer
algo que tenía pendiente: cortarme el pelo. El calor es agobiante en
esta época en Cuba, y cualquier medida para mitigarlo es importante.
La opción mas lógica es acudir a uno de los siempre atestados centros
de belleza gubernamentales. En estos establecimientos se realizan
trabajos de peluquería, estética y otros, tanto a hombres como mujeres,
y a precios muy cubanos. Un corte de pelo cuesta entre 2 y 5 CUP. - un
euro son algo más de 25 CUP o pesos cubanos -.
Como el establecimiento del Parque Céspedes está atestado, desisto y
sigo callejeando por la zona nueva de Trinidad. La casualidad hace que
tropiece con la casa de Abel, muy cercana al Parque Cespedes. Este particular
lleva un establecimiento en el que combina sus facetas de peluquero, pintor
y escultor. Ademas, trabaja como vigilante nocturno en un centro de salud.
Hay que ganarse la vida. En La Camargue el turista puede arreglar
sus cabellos, afeitarse con masaje incluido y comprar una de las pinturas
del propietario o de uno de sus socios. Por el "desorbitado" precio de
2 CUC, Abel me ofrece un esmerado rapado de cabello, un excelente café
y una buena charla. Le prometo incluirle en este blog del que le hablo
y así lo hago. Un trato es un trato, compañero.
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La impersonal noche de Trinidad.
(2/8/2005)
La
noche de Trinidad me decepcionó profundamente. Tras recorrer desde la
puesta de sol y hasta la madrugada distintos locales, cafeterías y zonas
céntricas, descubrí que la noche de Trinidad esta diseñada a medida
de los turistas.
Un buen ejemplo es la Casa de la Música. En las impresionantes escaleras
junto a la Iglesia, en la Plaza Mayor, se sitúa este "local" que consta
de un restaurante, dos terrazas con mesas, un escenario para conciertos
con los mismos escalones como asientos, y una discoteca que abre en la
medianoche. Todo con camareros uniformados y servicio en divisa.
Cuando llegué al lugar, me quedé muy sorprendido. Normalmente las casas
de la música que existen en las capitales cubanas, son locales sencillos
donde los cubanos acuden a ver actuaciones musicales. En Trinidad no.
La gran mayoría del público eran turistas de todas nacionalidades. Y
el pequeño porcentaje de cubanos/as eran acompañantes de extranjeros/as.
Especialmente abundante era el tipo de pareja formada por mujer de treinta
y muchos o más, de origen europeo, y de cubano negro como el tizón y
de cuerpo atlético.
¿Por qué no hay cubanos en la Casa de la Música de Trinidad? 1. Porque
los precios son prohibitivos y 2. Porque una barrera de policias les impide
el acceso. Hay que aclarar que las leyes cubanas creadas presuntamente
para acabar con la prostitución, son absolutamente estúpidas y hacen
posible que si uno camina con un cubano por una ciudad turística como
es Trinidad - aunque sea amigo de uno desde hace años y de honradez demostrada
-, lo mas probable es que el cubano acabe detenido por la policía acusado
de jineterismo. A ver que cubano se acerca por la Casa de la
Música arriesgándose a tener un serio problema con la ley.
Para acabar de decepcionar, las actuaciones de la Casa de la Música eran
puro show para turistas. Una mediocre orquesta cantaba letras tan surrealistas
como "me gusta el vino bianco frizzante", mientras la numerosa
colonia italiana daba palmas extasiada. Deprimente.
De los varios locales que visite anoche, la mayoria casi vacíos, solo
se salvó de la quema el Palenque de los Congos Reales, muy próximo a
la Casa de la Música, donde en un acogedor patio se puede disfrutar sentado
y previo pago de 1 CUC en la puerta, de actuaciones musicales de todo
tipo. Público exclusivamente extranjero, como no. De las cuatro actuaciones
que ví - duran una media hora cada una -, me sorprendió gratamente la
de un grupo de son de Trinidad, llamados ACHE SON. Desgraciadamente no
pude comprar uno de los CDs que vendían ya que un español bastante estúpido,
sacó un grueso fajo de billetes y dijo que los compraba todos. Los cd
eran copias caseras, por lo que no tenia demasiado sentido la ostentación.
Mejor quedarse con un par de cds y regalarles el resto del dinero. Estúpidos
hay en todas partes.
Tras varias horas en el centro histórico y encontrandome siempre la misma
escena - extranjeros en los locales y algun cubano mendigando una moneda
en los alrededores - decidí salir de la zona, para no volver nunca. Estuve
un buen rato callejeando por las principales plazas y calles de la ciudad
- fuera del centro histórico - esperando encontrar en algun lugar el
equivalente al Malecón de Cienfuegos, un lugar donde un grupo de cubanos
se reuniera para tomar unos tragos. Nada.
Sin
duda el hecho de que anoche fuera lunes, contribuyó en buena manera a
alimentar mi percepción de falta de personalidad esta, ya que muchos
cubanos, pese a estar en periodo de vacaciones también en Cuba, no salen
a la calle durante la semana. Pero aun así, dudo que encuentre una noche
tan impersonal en toda Cuba.
Mi último pensamiento antes de dormir en mi habitación de la casa de
Miriam fue dejar Trinidad lo antes posible.
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La Boca, Punta Maria Aguilar y Playa Ancon.
(3/8/2005)
Hacer planes en Cuba mas allá del momento presente o del instante inmediatamente
siguiente, no es recomendable. No podemos tratar de aplicar una agenda
o una planificación de varios días en un país como este, sin caer en
la desesperación. Los cubanos no saben de puntualidad, ni de prisas,
ni de desesperos, ni de estrés. Por ello conviene adaptarse a su ritmo,
si no queremos que nuestras vacaciones se conviertan en una batalla constante.
Así que hay que adaptarse y vivir el momento. Hoy intenté planificar
el día y como no podía ser de otro modo, todo falló. Traté a primera
hora de contratar una salida de buceo con el centro de la cercana Playa
Ancón, a 19 kilómetros de la ciudad. Está suspendido el servicio por
el huracán. Me enteré de que hay dos buzos particulares que de manera
más o menos legal, organizan salidas para los turistas en la cercana
playa de La Boca. Demasiado tarde, salieron ya con un grupo de turistas.
Decepción.
Al
final alquilé un cocotaxi - una especie de ciclomotor de tres
ruedas y una carcasa ovoide - y le pedí que me llevara por la costa desde
La Boca a ver si por casualidad encontraba a los buzos trabajando. Hay
que tener en cuenta que con excepción de la misma playa de La Boca, donde
llega un autobús de Trinidad y donde se concentra la población local
que va a la playa, el resto de los aproximadamente 10 kilometros de costa
estan prácticamente desiertos hasta los hoteles de Ancón, que todavía
permanecen cerrados por los efectos devastadores del último ciclón.
No hubo suerte. Tras realizar el recorrido completo hasta el punto máximo
donde se permite pasar tras los daños de Dennis, me quedo en una excepcional
playa, la de Punta María Aguilar. Apenas una docena de personas ocupan
la larga extensión de arena de aguas cristalinas y arrecifes de coral
a tan sólo un metro de profundidad. Hay un grupo de pescadores submarinos
cubanos. Me quedo alli con la esperanza de poder alquilarles sus equipos
para poder practicar la pesca submarina.
Esta vez sí tuve suerte. Por el modico precio de 4 CUC - menos de 4 euros
-, me alquilaron aletas, tubo, lastre, cuchillo y un mastodóntico fusil
de pesca de aire comprimido fabricado artesanalmente, además de ofrecerme
una interesante charla sobre técnicas de pesca y especies apreciadas.
Al
final fueron dos largas horas sumergido en un arrecife de coral rebosante
de vida. Una gozada. No llegué a disparar el fusil ni una sola vez, aunque
vi algun gran pargo, una aguja, multitud de peces loro e incluso algunas
langostas. Sabía perfectamente que difícil para mí alcanzar una pieza
con semejante armamento - nada que ver con mis ligeros y eficaces fusiles spetton o excalibur - y además, no quise arriesgarme
a romper la varilla del fusil por un mal disparo, lo que hubiese generado
un problema a mis socios mas allá del tema monetario. El material de
buceo es caro y escaso en Cuba. Eso sí, valió la pena. Fue el mejor
momento que pase en Trinidad, sin duda.
Por la tarde, ya en la ciudad de Trinidad, las cosas volvieron a su cauce,
y la sucesión de decepciones continuó. A las cinco de la tarde, llegue
hasta las ruinas del Teatro Brunet en la calle Maceo - hoy un lugar turístico
- con la intención de localizar a un percusionista llamado David
al que vi actuar la oche anterior en la Casa de la Musica y con el que
pacté unas clases particulares de percusión. David no estaba. Se fue,
no iba a volver y nadie tenía su teléfono ni su dirección. Tendré
que negociar mis clases de percusión otro día en otra ciudad.
Tras la decepción del percusionista, decidí gestionar mi siguiente etapa
de viaje. Mañana con el alba parto en autobús h
acia
Camaguey - a unos 350 kilometros hacia el este-. Traté de gestionar en
la agencia de viajes estatal Cubatur la posibilidad de ir desde Camaguey
a Playa Santa Lucía. Se trata de un enclave turistico que para mí tiene
un solo interés, el shark feeding. Se trata de sumergirte con
equipo autónomo en aguas libres del Atlántico - costa norte cubana -
y dar de comer a tiburones de 2-3 metros. Pura adrenalina.
Viajar hasta alli tiene cierta complicación ya que es un enclave cien
por cien turístico y hay que hacerlo de forma oficial. Autobús turístico,
alojamiento en hotel y contratación oficial del buceo con el estado.
Por eso no tengo más remedio que tratar con las agencias de viajes estatales
como Cubatur. Ante mi sorpresa, el tipo de la oficina de Cubatur de Trinidad,
me cuenta que estan en temporada baja - ¡en agosto! - , que toda Santa
Lucía cerró por reformas - ¿todos los hoteles? ¡si hay cinco! - y
que mejor no vaya. Fin de la charla.
Mañana trataré de encontrar en Camaguey a otro empleado de Cubatur más
servicial. El buceo con tiburones, único en Cuba, es una experiencia
que bien merece por una vez me salte mi norma de ir donde el destino me
lleve.
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No hay mal que por bien no venga.
(4/8/2005)
Uno se levanta a las 6 am, dispuesto a abandonar Trinidad camino de Camagüey.
Aseo personal, recogida de equipaje, desayuno y una última confirmación
de que lleva todo lo importante. Pasaporte, cámara fotográfica, tarjetas
y dinero, gafas de sol... No están. Tras una revisión intensiva de mochila,
bolsillos y habitación, se confirma la desaparicíón del objeto. Ni
idea de donde puede estar.
Para un miope, un tanto fotofóbico -como todos los miopes- y en el trópico,
unas gafas de sol graduadas no son an absoluto un lujo. Además, al ser
graduadas, no hay posibilidad ninguna de conseguir unas de sustitución
en el viaje. Y menos en la Cuba central y oriental. Se jodió el invento.
Decido que la posibilidad de encontrar las gafas merece retrasar mi partida
hacia Camagüey, así que me desplazo a la terminal de omnibus - central
de autobuses - y cambio el billete sin problemas. A partir de ahí, proceso
de búsqueda de las dichosas gafas por todos los establecimientos donde
estuve la tarde de ayer - oficina de viajes, cremería, salón de internet...
-, ofreciendo una recompensa de 30 CUC por su localización y explicando
que son "de aumento" -graduadas- por lo que no sirven para otra persona.
Nada. Tras un último e intensivo repaso a la casa y tras insertar un
anuncio en Radio Trinidad - la cabra tira al monte -, no hay más que
hacer. Decido retomar hoy las actividades que ayer no pude realizar: Buceo
y curso de percusión.
Hoy
la suerte está de mi parte. A través de la casa de Araceli, consigo
contactar con Pedro, uno de los buzos particulares que llevan a turistas
a realizar inmersiones en la zona comprendida entre La Boca y Punta María
Aguilar. Es otra manera de bucear. Al cabo de una hora - 12 mediodía
- me recoge en la casa un viejo Chevrolet con su chofer. Por 2 CUP por
trayecto, me trae y me lleva al punto donde el buzo está ya trabajando
con otros turistas. Un punto de la costa más allá de La Boca.
El buceo resulta ser una experiencia excepcional. Pedro es un profesional
del buceo, serio y consecuente. Cuando le muestro mi titulación de instructor
de buceo, se muestra encantado y me pide permiso para aprovechar el buceo
para pescar con fusil. En condiciones normales no lo permitiría, pero
en Cuba, donde cada cual se busca las habichuelas como puede, esta es
una práctica habitual.
La inmersión resulta espectacular. Tras nadar completamente equipados
unos 300 metros desde la costa, llegamos al punto donde la plataforma
costera desaparece, pasando de los 10 a los 80 o 100 metros de profundidad.
El veril rocoso es un lugar excepcional donde el buceador tiene la sensación
de volar sobre el abismo, rodeado de corales, grandes esponjas y nubes
de vida marina. Pargos, rabirrubias, peces limón, peces loro, medusas
y otros muchos habitantes del mar, se dejan ver ante nuestros ojos. Excepcional.
La pesca se saldó con la captura de un inmenso cangrejo, una rabirrubia
y un túnido. Pedro me quiso regalar una de las piezas de pescado. Por
supuesto no acepté. Seguro que él sabrá como rentabilizarla.
Por
la tarde, las cosas siguieron saliendo bien. Por fin pude concertar una
clase de tumbadoras - o congas - con David López, maestro de percusión.
A primera hora le dejé un recado en las ruinas del Teatro Brunei, donde
suele dar sus clases, y me dejó un recado en la casa. Me esperaba a las
18 horas. La clase fue realmente intensa. En hora y media escasa, David
fue capaz de hacer que aprendiera e interpretara con cierta soltura los
movimientos y técnicas básicas de las tumbadoras. Una auténtica lástima
no poder tomar más lecciones con él. Realmente es un exclelente maestro.
Un buen día el de hoy, sin duda. Aunque sigo deseando abandonar Trinidad
rumbo al este. Aunque sea sin mis gafas de sol.
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El embrujo de Camagüey
(5/8/2005)
Camagüey
- 300.000 habitantes - ofrece al visitante desde el primer momento una
sensación de prosperidad. Es una ciudad de amplias avenidas, grandes
parques y jardines y edificios normalmente bien conservados. No en vano,
esta fue una de las ciudades más prósperas de Cuba antes del triunfo
de la revolución. Hoy es una ciudad que acoge muy poco turismo y la mayoría
de este turismo viene de paso desde o hacia Santiago. Nada que ver con
Trinidad.
Tras
llegar a la terminal de omnibus, tuve que negociar el precio con uno de
los numerosos bicitaxis para que me llevara hasta la céntrica casa
de Alba Ferraz - Ramón Guerrero 106 / Popular 106 -, que alquila
dos habitaciones a los turistas. Fueron 2 CUC por la carrera de unos 3
kilómetros, con cuestas incluidas. Pensé que el chaval iba a desmayarse
del esfuerzo así que dupliqué la cifra a la llegada.
La casa
de Alba resultó ser una bellísima mansión colonial situada en pleno
centro histórico de la ciudad, con un gran patio central interior. La
señora tenía sus dos habitaciones ocupadas - el estado no permite que
una casa alquile más de dos -, pero tuvo la amabilidad de instalarme
en casa de una vecina suya, también con licencia de arrendador. Esta
es una práctica habitual, que a aveces - no es el caso - puede encarecer
el precio de la habitación ya que el primer arrendador exige una comisión
al segundo, que acaba pagando el turista.
Tras
instalarme, salgo a la calle bajo el tórrido sol del mediodía. El centro
histórico de Camagüey sigue sugiriendo prosperidad, pero las calles
se transforman. El centro es un laberinto de calles más o menos estrechas
y de plazoletas, que suelen despistar al visitante. En el siglo XVI se
disenyo asi la ciudad, para tratar de
despistar
a los piratas en los múltiples ataques de aquella época.
Las plazas del Carmen, San Juan y del Gallo con sus respectivas iglesias
restauradas con motivo de la visita de Juan Pablo II ; el parque Agramonte
; la bulliciosa Calle República, arteria principal de la localidad. Camagüey
tiene muchos lugares que merecen una sosegada visita a pie.
Tras la vista por la ciudad, Camagüey me guarda todavía una agradable
sorpresa, su Mercado Agropecuario Rio. Junto al rio Hatibonico - desgraciadamente
sucio y abandonado -, encuentro el más animado mercado que ví en mis
viajes por Cuba. Se trata de un gran recinto con cientos de puestos donde
los vendedores tratan de atraer a los numerosos clientes con sus voces.
Puestos de frutas
y
verduras donde encontramos guayabas, fruta bomba -papaya-, mangos, toronjas - algo así como pomelos- , limones, yuca,
boniatos y un sinfín de productos del campo. Puestos de carniceros que
venden ovejo -cordero-, puerco -cerdo- y casquería.
Otros vendedores ofertan especias e incluso hierbas y frutos medicinales.
El mercado de Camagüey es una explosión de olores,
sonidos
y colores que me abrumó. Desgraciadamente, el tiempo amenaza a lluvia
y la falta de luz no permite hacer fotografías, así que me prometo volver
por la mañana para visitarlo con más detenimiento.
Tras la visita al mercado, Camagüey todavía tiene más que ofrecerme.
Comienza a llover. Y con la fina lluvia, y las calles casi vacías, la
ciudad ofrece un nuevo colorido y ritmo. Sin importarme el agua, recorro
de nuevo las principales plazas y calles de la ciudad. Despacio, muy despacio.
Fascinante. Más aún todavía cuando justo al anochecer, la luz se va
de algunos barrios del centro de la ciudad por culpa de uno de los habituales
apagones y esta queda totalmente a oscuras.
Son característicos de Camagüey unos grandes tinajones de barro que
antaño se utilizaban para almacenar agua en épocas de sequía. Pueden
verse algunos instalados en plazas y parques. Dice la leyenda que todo
aquel que
bebe
agua de estos recipientes, queda atrapado por la ciudad, y ya no puede
abandonarla nunca. Siento que algo así ha podido ocurrirme.
En este instante me arrepiento de haber comprado ya mi billete de autobús
para partir mañana por la tarde hacia Santiago de Cuba. Me temo que me
queda mucho por descubrir en esta ciudad.
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De tomadera nocturna en Camagüey.
(5/8/2005)
Si el día me pareció fascinante en Camagüey, pensé que la noche estaría
a la altura. Así que hacia las 9 de la noche y tras comprobar que no
había luz en la casa, salí a tomar -beber-. Mi incursión en
la noche de la ciudad comenzó
en la Plaza del Gallo, lugar más cercano a mi casa donde no hubo apagón.
En la plaza hay un animado restaurante en el que podemos tomarnos una
cerveza local Tínima por 10 pesos cubanos. Sirven platos sencillos de
pasta y pizza. Todo en moneda nacional y por tanto frecuentado por cubanos.
Tras
el tentempié, descubrí en la Plaza Agramonte, el anímadísimo bar El
Cambio. Se trata de una casa de juego de la era pre-revolucionaria que
se transformado hace una década en un bar de copas donde tomar cócteles,
cervezas o refrescos pagando en divisa. Es un lugar frecuentado tanto
por cubanos como por extranjeros. El ambiente es realmente agradable y
acogedor. Allí conocí a Adelino, un simpático y saleroso viejito cubano
que trabaja en el local. Es un tipo realmente agradable, gran conocedor
su ciudad, que me contó algunas cosas muy interesantes sobre la misma.
Fue realmente interesante conocerle. A él ya todo el resto de la parroquia
habitual que hacen al visitante sentirse realmente integrado a los pocos
minutos. Un lugar encantador El Cambio.
En el mismo parque Agramonte se encuentra la Casa de la Trova, que presume
de ser la más grande de toda Cuba. Decido no entrar ya que el recinto
cobra 3 CUC, lo que indica que dificilmente estará frecuentado por cubanos.
En su lugar, me acerco al cercano patio de La Bolanda, también en la
el parque Agramonte. El local ofrece en un oscuro patio un sencillo espectáculo
de cabaret con dos bailarines, dos cantantes y un mago. Eso sí, el local
cobra en moneda nacional y por tanto está frecuentado mayoritariamente
por público local. Por 20 pesos cubanos por pareja, se accede al recinto.
Y la pareja es obligatoria, así que vuelvo a El Cambio donde conocí
a una enfermera del hospital oncológico de Camagüey, amiga de Adelino.
La invito a ir al local, acepta enseguida y para allá que nos vamos.
Curiosa pareja.
La
noche acaba comiendo un refrito y seco filete de pescado hacia las tres
de la madrugada en el DiMare, un establecimiento especializado en pescados
que abre 24 horas y que tiene presencia en las principales ciudades cubanas.
Los comensales, Marisol - la enfermera -, uno de los bicitaxis que conocí en el bar El Cambio y el narrador de esta historia. Otro bicitaxi nos cuenta que sigue el apagón en la zona de la calle Popular, así que
no hay prisa por volver a la casa. La noche es joven.
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Un alto en el camino: la villa azucarera de Florida.
(5/8/2005)
El viaje en un autobús de Viazul hasta Camagüey no tiene grandes alicientes,
salvo el intentar descansar. La empresa Viazul, pensada para los turistas,
dispone de modernos autobuses con
aire
acondicionado y confortables. Las ventajas son la comodidad, tanto al
viajar como al comprar los billetes ya que se venden en cualquier oficina
de turismo estatal. Como inconveniente, el hecho de que solo viajen turistas,
impide aprovechar los largos viajes para tener contacto con el pueblo
cubano y hacer amistades.
El
único momento destacable del viaje fue la visita relámpago que hice
a la localidad de Florida, a unos 40 kilómetros de mi destino, aprovechando
una parada de 45 minutos que el autobús hace en el Hotel Florida para
que los choferes almuercen. Tras comprometerme con el personal de la guagua
a estar allí a la hora prevista de la salida, monté en un bicitaxi que
encontré en la puerta trasera del hotel. En poco más de 40 minutos,
el amigo Andrés Gómez - que así se llamaba el bicitaxi -, me llevó
a dar un paseo por el centro de la ánimada población, me invitó a un
café en la puerta de su casa, me llevó una guarapera - venden
jugo de canya de azucar - y me acercó al Mercado Agropecuario para echar
unas fotos. Todo un record que agradecí con el pago de 2 CUC por la carrera.
Cinco veces más de lo que pagaría un cubano por el mismo trabajo.
La
impresión que me llevé fue de Florida fue realmente grata. A excepción
del Hotel Florida, que es lugar de pernoctación para viajeros de paso
por estar situado en la misma Carretera Central que atraviesa toda Cuba,
esta localidad azucarera, vive de espaldas al turismo. Eso se nota en
sus animadas calles, donde las bicicletas, los caballos y el ir y venir
de cubanos, le da un encanto especial.
Después de la parada en Florida, vuelta al autobús para completar los
últimos 40 kilómetros necesarios para llegar a Camagüey, capital de
la provincia del mismo nombre, y última escala de mi viaje hacia el este,
antes de llegar a Santiago de Cuba, la capital del oriente cubano.
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Reencuentros en Santiago de Cuba.
(6/8/2005)
Ocho largas horas de viaje nocturno en un autobús de Viazul, son lo más
parecido a un vuelo intercontinental. Eso sí, en Las Tunas, mereció
la pena parar en un ranchón - algo así como restaurante o cafetería
- para cenar un bisté de puerco con papas - filete de cerdo
con patatas -. Mejor cena que en los aviones, no hay duda.
A mi llegada a la terminal de omnuibus de Santiago de Cuba a las dos de
la madrugada, y tras evitar la nube de jineteros, buscavidas y taxistas
que esperan al visitante en toda ciudad a su llegada, me encuentro un
único carro - coche - aparcado a la puerta. Y junto a él a
mi buen amigo Santiago
Vallina y a su cuñado Richard, que me miran con ojos sorprendidos,
mientras sostienen sendas cervezas Bucanero de lata. "Coño Juanca!"
Santiago y Richard llevan dos largas horas esperando a un tal Pablo, un
presunto amigo mío al que les pedí que fueran a recoger a la terminal
y lo alojaran bien en la casa
de Santiago, bien en la casa de Richard. "Santiago, trátemelo bien.
Este tipo es como si fuera mi hermano y no la está pasando bien en su viaje. Tiene que cuidármelo y espérelo con una cerveza que le
gusta la tomadera", le dije a Santiago cuando lo llamé supuestamente
desde España. En realidad le llamé desde Camagüey. Pretendía que mi
llegada fuera una sorpresa.
Abrazos, tragos de Bucanero y a tomar otra que nos vamos para celebrar
el reencuentro a una cafetería 24 horas cercana. Hay mucho que contar.
Es el cumpleaños de Richard, "coño, vamos a celebrarlo con unas cervezas,
comida, ron y refrescos". Pues nada, habrá que apuntarse a la fiesta.
Me alojaré allí ya que Santiago tiene a unos holandeses alojados en
su casa todavía. "Pero se van el domingo y ya te vienes para allá".
"Coño Juanca, que yo le decía a Carmen que ibas a venir tú. Mira que
lo pensé."
En momentos como este, recuerdo por qué he vuelto tantas veces a este
país. Dejé muy buenos amigos aquí. Y sin duda Santiago, su familia
y su gente, son de los mejores.
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El parque Baconao y playa Siboney.
(7/8/2005)
El parque Baconao se encuentra al este de Santiago de Cuba, ocupando una
extensión de 800 kilómetros cuadrados, que han sido declarados reserva
de la biosfera por la Unesco. Es un paraje natural de gran belleza, que
cuenta además con algunas playas e instalaciones dedicadas al turismo.
Hoy visité la zona en compañía de mi amigo Santiago, su mujer Carmen
y su hija Diana, aprovechando el carro rentado por unos turistas holandeses.
Patricio, que así se llama el holandés, me contó un interesante proyecto
que está desarrollando dentro del marco de un instituto de cooperación
internacional holandés, dedicado a defender los derechos de las mujeres
en la zona fronteriza de Ciudad Juárez, en México. Al conocer mi trabajo
en medios de comunícación, tiene la esperaza que pueda ayudarle a denunciar
la dificil situación de la mujer en esta zona. Le prometí ayudarle.
Visitamos El Porvenir, un complejo de ocio instalado en el corazón del
Parque Baconao. El Porvenir consta de una piscina alimentada por las aguas
de un rio. Allí disfrutamos de la piscina de aguas enverdecidas por la
proliferación de algas - habitual en las piscinas cubanas -, de una buena
conversación, unas cuantas cervezas fuertes Bucanero y de un buen almuerzo
compuesto por ensalada y bisté de puerco. El complejo estaba abarrotado
de gentes. No en vano era sábado y además en pleno agosto, tiempo de
vacaciones también en Cuba.
Tras
la visita a El Porvenir, una rápida escapada a la cercana Playa Siboney,
que también pertenece a Baconao. Pese a lo avanzado de la hora, más
de las seis de la tarde, cientos de santiagueros y muchos turistas, difrutaban
aún de la animada playa. Me llamó la atención el importante operativo
dispuesto por la Policía Nacional Revolucionaria - una docena de agentes
- para la organización de la cola de la guagua a Santiago. Este dispositivo,
que no existe en otras playas como la de Cienfuegos, viene a confirmar
que Santiago de Cuba tiene cierto peligro. Los robos son frecuentes en
esta playa, por lo que no se recomienda llevar más que lo imprescindible,
un short - bañador -.
Sin embargo, el verdadero atractivo del Parque Baconao, no se encuentra
en sus playas - que no son de las mejores de Cuba -, ni en sus múltiples
instalaciones turísticas y de ocio. El verdadero atractivo de esta zona
se encuentra en su impresionante naturaleza salvaje. Los bosques, montañas
y valles invitan a realizar trekking en ellos, aunque el axfisiante calor
santiaguero en esta época del año, hace que esta actividad sea solo
apta para verdaderos valientes.
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El cumpleaños de Richard. Una fiesta a lo cubano.
(7/8/2005)
Con las últimas luces del día, me incorporo a la fiesta de cumpleaños
de Richard, el mejor amigo de Santiago "Chago". La fiesta se está ya
celebrando a esas horas en la casa de él, en la terraza superior de la
casa, donde se disfruta de una interesante vista de la Plaza de Marte
y de la Bahía de Santiago.
Richard y su mujer Yanilet - 23 años felizmente casados, todo un record
en Cuba -, han trabajado todo el día para agasajar a los invitados. En
toda celebración en Cuba y más en Santiago - con su legendaria hospitalidad
-, no puede faltar comida. Han preparado pierna de macho - cerdo -, tamal
frito - pasta de maíz - y chicharrones.
Los invitados van llegando. Muchos de ellos - como un servidor - traen
alguna que otra botella de ron. Otros no traen nada. No importa. En una
fiesta a lo cubano, cada cual aporta lo que sus recursos le permiten.
Se comprende.
Asisten familiares, vecinos, amigos y algún que otro turista como yo.
Todos comen, beben y conversan sobre todos los temas imaginables; las
dificultades de la vida diaria en Cuba, los turistas, la amistad, y como
no... las mujeres. Un hermano de Richard, que trabaja como barman, me
da su secreto para el mojito. Franco, un italiano bajito y con hablares
de mafioso siciliano que anda con una lindísima mulatita, - y que el
tiempo me demostrará que es un excelente tipo pese a la primera impresión-
me muestra en su teléfono móvil una colección de fotos de mulatas.
Me ofrece el teléfono de la que prefiera. "Te puedo dar el de todas menos
de esta que es mi novia". No gracias. Otro Richard - el yerno del anfitrión
- me pone al día de las últimas novedades de la música cubana. Sabe
que eso me interesa. "Los Van Van sacaron nuevo disco, está riquísimo"
"Oye, y lo último de Candymán está rico, rico, rico". Vete grabándome
unos cuantos cidís, compañero.
Y mientras tanto las botellas de ron Cubay van cayendo una tras otra.
Fueron 16 botellas en total. Creo que salimos a una por persona. Mis habilidades
como cantinero son apreciadas y requeridas. Un generoso chorro de ron,
un poquito de hielo picado con un destornillador, refresco de cola y unas
gotas generosas de limón criollo exprimido. Un perfecto Cubalibre, compay.
Hacia la medianoche la fiesta ha alcanzado su máximo apogeo. En el estéreo
suenan alternativamente salsa, reggaeton y canciones lentas. Todo el mundo
baila ya. Hombres, mujeres y niños. Jóvenes y ancianos. Me siento cansado
tras el trajín de los últimos días y por el efecto de la docena de
cubalibres que tomé. Demasiados. Discretamente me retiro a mi cuarto
a descansar, mientras arriba sigue sonando la música.
Los cubanos saben como divertirse. Haya plata o no lo haya.
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El centro histórico de Santiago de Cuba.
(9/8/2005)
Santiago de Cuba es la segunda ciudad del país en cuanto a tamaño y
en cuanto a importancia. Con cerca de medio millón de habitantes es,
sin embargo una ciudad mucho menos ajetreada que La Habana. El problema
del transporte se hace sentir en Santiago. Por ello en las calles se ven
menos automóviles, muchas motos y sin embargo pocas bicicletas ya que
las empinadas calles santiagueras no son adecuadas para ellas.
Ayer dediqué la mañana a visitar el centro histórico de la ciudad.
Pese a que Santiago ocupa una gran extensión, la mayor parte de los lugares
de interés histórico se encuentran en una zona muy pequeña y apta para
un paseo a pie.
Comencé el paseo por el Parque Céspedes, presidido por la Catedral de
Nuestra Señora de la Asunción, el ayuntamiento de estilo colonial y
la casa de Diego Velázquez, primer gobernador de Cuba, ahora convertida
en un interesante museo.
Si
avanzamos hacia el este tomando la calle Heredia, estaremos paseando por
la calle donde se concentra la intensa actividad musical de Santiago de
Cuba. Uno de los primeros edificios que encontraremos, será la Casa de
La Trova, cuna del son cubano. En este lugar a mediodía y por la noche,
se pueden ver los mejores intérpretes santiagueros de música tradicional
cubana. Entre ellos, el trompetista Inaudi Paisán es uno de los habituales.
Dejé la calle Heredia a la altura de la Plaza de los Dolores. Una agradable
plaza con mucha vegetación y sombra, que siempre está repleta de músicos
ambulantes, turistas y jineteros a la caza del peso convertible. Si tenemos
cierta habilidad para cortar a los jineteros que insistentemente nos reclamarán
su atención - "Eh, España." "du yu uant cohiba" "de donde es usted?"-
seremos capaces de disfrutar del lugar. Hace falta cierta habilidad.
Desde la Plaza de los Dolores, vale la pena visitar la animada calle Aguilera.
En el número 563, apartamento 2, mi buen amigo Santiago y su mujer Carmen,
alquilan a lus turistas una agradable habitación. Allí me alojo desde
hoy. Tras el paseo por Aguilera, desembocaremos en la Plaza de Marte,
una gran plaza en la que casi siempre podremos ver espontáneas manifestaciones
artístic
as
- baile, música, cantos -. Es un buen lugar para retomar el aliento comprando
un helado por 1 peso cubano en la plaza, antes de seguir en dirección
al reparto Sueños - una de las más animadas zonas durante el carnaval
-, para encontrarnos con el complejo del Cuartel Moncada. El 26 de julio
de 1953, a las 5 de la madrugada, un jovencísimo Fidel Castro al frente
de un centenar de guerrilleros, protagonizó un intento de asalto a este
enclave militar. El intento de asalto fracasó y Fidel fue enviado al
Presidio Modelo de la Isla de la Juventud, pero sigue recordándose hoy
como la fecha en que oficialmente comenzó la revolusión cubana.
Tras una mañana dedicada a revisitar los lugares de interés histórico
de la ciudad, la tarde tuvo un cariz radicalmente distinto. Santiago,
su amigo Richard y el cuñado de éste, salimos a tomar. Comenzamos a
primera hora de la tarde con unas cervezas en la Casa de la Trova y acabamos
de madrugada en la terraza del Hotel Las Américas donde por cierto, en
plena efervescencia cervecera, aparece Pepe, un tipo de mi ciudad. Pequeño
es el mundo.
No recuerdo haber bebido nunca tantas cervezas en un solo día. Bueno
sí... fue el año pasado durante los Carnavales de Santiago de Cuba,
y por cierto acompañado de la misma gente.
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Otros lugares de interés de Santiago de Cuba.
(9/8/2005)
Además del centro histórico, la ciudad de Santiago tiene otros muchos
lugares que merece la pena volver a visitar - ya estuve en Santiago el
año pasado coincidiendo con los Carnavales -. Eso sí, es conveniente
disponer de un vehículo de alquiler, cosa nada fácil en Santiago de
Cuba en temporada alta, si no queremos gastar una fortuna en taxis.
A unos 10 kilómetros del centro, en la punta este de la boca de la inmensa
Bahía de Santiago de Cuba, se alza imponente el Castillo de San Pedro
del Morro. Se trata de una fortaleza militar construida en el siglo XVII
que está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, al igual
que el centro histórico de Trinidad, su valle de los ingenios y el Malecón
de La Habana.
Este impresionante edificio merece sin duda una visita. Además de difrutar
de una espectaculares vistas y de una arquitectura interesante, conoceremos
más sobre la apasionante historia de la piratería del Caribe, inspiradora
de tantas novelas y películas. Aquí sabremos más sobre los corsarios,
bucaneros, filibusteros y piratas. Muy instructivo e interesante.
Ya
que andaba yo con el coche alquilado, en compañía como no de Chago,
nos dirigimos de nuevo hacia la ciudad. Al noreste avanzando por la Avenida
Jesús Menendez que discurre paralela a la bahía, llegamos al Cementerio
Santa Ifigenia. Sin ser este camposanto tan impresionante como el Cementerio
Cristobal Colón de La Habana, sí merece una detenida visita. Como aliciente,
el cambio de la guardia de honor al estilo británico, frente al impresionante
mausoleo de José Martí, héroe de la independencia cubana e inspirador
de la revolución comunista.
Desde el cementerio, desplazándonos en coche en dirección oeste, visitamos
una vez más la impresionante Plaza de la Revolución Antonio Maceo. En
este impresionante espacio abierto, pensado para realizar actos multitudinarios
al igual que la Plaza de la Revolución de La Habana, destaca una impresionante
escultura ecuestre en bronce del general Antonio Maceo, militar de la
guerra hispano - norteamericana.
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Un día de playa a lo cubano.
(10/8/2005)
Dejé
a propósito mi obligada visita a Santiago de Cuba para la última etapa
de mi viaje. Sabía que una vez en la capital del oriente cubano, me sería
muy difícil abandonarla. Los santiagueros son sin duda, junto a los pineros
- Isla Juventud -, la gente más hospitalaria de Cuba. Y esto es decir
mucho. Y entre todos los santiagueros, Santiago Vallina y su familia destacan
por su hospitalidad. Desde el momento en que un turista entra en su casa,
ellos hacen que se sienta un miembro más de su familia. Se cuenta con
el visitante - en este caso conmigo - para todo. Y eso en casa de Santiago,
es mucho.
Ayer
por supuesto, acompañé a la familia a la fiesta de cumpleaños de Alejandro,
un vecino. Esta vez, la fiesta sería en una playa solitaria. Una veintena
de invitados entre familiares, vecinos, amigos y algún turista como yo,
nos desplazamos hasta El Caletoncito, a unos 40 kilómetros al este de
Santiago de Cuba.
Llegamos hasta allá en un Peugeot 206 que alquilé. Nada más llegar,
me presentan a Alejandro quien junto con su familia me acoge inmediatamente
y sin reservas. Así son los santiagueros.
Alejandro obsequia a los invitados con un ovejo - cordero - que
se mata, despieza y se guisa en la misma playa. Como es costumbre, todos
los invitados aportan algo a la fiesta, siempre según sus posibilidades.
En mi caso aporté una caja de cervezas nacionales - 10 CUC - y dos botellas
de ron Cubay - 2,5 CUC cada una -.
El savoir vivre de los cubanos se manifiesta ante mis ojos una vez
más. Comida, música, baile, gritos y risas, baño en las aguas de la
cala, y sobre todo ríos de ron Cubay y cerveza de a 10 pesos que todos, hombres y mujeres, jóvenes y menos jóvenes,consumen durante
toda la jornada hasta la puesta de sol.
Tras tomarnos varios tragos, charlaba yo con mi nuevo amigo Franco el
italiano, que por allí andaba con Karina, su chica cubana. "Sabes Franco,
cuantos turistas comemierda que andan estos días por Varadero
pagarían cientos de dólares por poder vivir un momento tan intensamente
cubano como éste?". Franco asintió. Esto no tiene precio.
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Pescando chernas en Los Pinos.
(10/8/2005)
Me
cuenta Chago que una vez alguien escribió en internet una frase sobre
su persona. Decía algo así como "Si quiere conocer Cuba, tiene que conocer
Santiago de Cuba. Y si quiere conocer Santiago de Cuba, tiene que conocer
a Santiago
Vallina". Y cuanta razón tenía.
Santiago conoce su ciudad como nadie. Conoce todo y a todos. "Chago, ¿tú
conoces a algún buzo con el que pueda salir a hacer pesca submarina?".
"Por supuesto. Mira, vamos con el tur a Playa Siboney a ver si
podemos cuadrar con Israel, que el tipo es como un pez bajo el agua".
Y lo hicimos.
Hoy muy temprano, después de haber cuadrado ayer con Israel, hemos recogido
al buzo en su humilde casa de Siboney, en la playa. Él ha conseguido
para mí unas destartaladas patas de rana - aletas - y un cinturón
de plomos. Fusil de pesca solo hay uno, un 65 cm de aitre comprimido que
parece estar en buen estado. Lo compartiremos.
Nos desplazamos en el carro tras almorzar en playa Siboney un bocadito
de macho y un refresco, hacia el oeste siguiendo la costa. Más allá
de Playa Larga. Tras cruzar un puesto fronterizo - hay una base naval
cerca - y pedir autorización a los militares para pescar en la zona,
llegamos a una solitaria costa rocosa llamada Los Pinos, dentro de los
límites del inmenso Parque Baconao.
En
Los Pinos desplegamos todo el equipo de Israel - nada que ver con los
modernos equipos de pesca que uso en España -. Me equipo con mi máscara,
el cinto de plomos y las patas de rana destartaladas. Nadamos contra el
oleaje unos 500 metros hasta alcanzar un fondo coralino de unos 20 metros
de profundidad. Hemos pactado que él pescará primero a esa profundidad
y posteriormente saldremos hacia la costa para que pueda hacerlo yo a
unos 6-8 metros. No puedo pescar a tanta profundidad como Israel.
Me cuenta Israel que en el lugar donde estamos hay un agujero donde hace
tres días pescó una inmensa cherna y una langosta. Lo hemos encontrado,
veinte metros más abajo. Israel se concentra, respira y desciende hacia
el fondo con una gracilidad y técnica increibles. El tipo tiene una exquisita
y depurada técnica de pesca a la caída asombrosa. Desciende casi sin
mover un músculo, controlando la dirección y velocidad de la caída
con sutiles movimientos de las aletas. Llega a la cueva, mira y dispara.
Inmediatamente aparece una cherna - mero - de unos tres kilos que Israel
agarra y sube hacia la superficie sin darle tiempo a enrocarse. Increíble.
Fueron
cuatro largas y agotadoras horas de pesca en aguas caribeñas. Israel
pescó dos grandes chernas, una barracuda, un limón y un puñado de peces
loro. Yo me tuve que conformar con la captura de un pez loro guacamayo,
tras varios intentos fallidos de dominar la técnica de la caída con
tan rústico equipo.
Una jornada inolvidable que termina hacia las 5 de la tarde con la llegada
a la casa. Chago y yo hemos negociado con Israel que nos quedaremos las
chernas y el pez limón a cambio de unos pocos pesos. Invertimos el resto
de la tarde en cocinar el pescado. Chago preparará una de las chernas
asada y yo prepararé con las dos inmensas cabezas de cherna, una sopa
medio española medio cubana.
Chago, Franco, su novia y yo disfrutamos por la noche de una cena marinera
exquisita, regada con una botella de ron que nos tuvo de conversación
hasta la madrugada. Un buen día, sin duda.
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El viajero propone...
(11/8/2005)
Viajar
sin más planificación previa que tener una fecha de vuelta a casa -
deber obliga -, es la mejor manera de disfrutar de la libertad del viajero.
Cuando llego a una nueva ciudad, nunca sé con exactitud cuando decidiré
dejarla.
Hoy, después de una semana en Santiago de Cuba, he sentido que había
llegado el momento de partir. Consciente de la inminente finalización
de mi viaje, he pensado que sería una buena idea pasar mis dos o tres
últimos días en Cuba, en uno de los lugares más fascinantes y auténticos
del país, la Isla de la Juventud.
La única forma de hacerlo con tan poco tiempo disponible, es viajar en
avión. Un vuelo de Santiago a la Habana mañana por la mañana, y allí
un nuevo vuelo de Habana a Nueva Gerona, capital de la Isla de la Juventud.
Tras visitar las oficinas de Cubana de Aviación y de Aerocaribbean, las
dos compañías aéreas regionales que operan en Santiago de Cuba, descubro
que no hay posibilidad alguna de encontrar un pasaje en los vuelos pretendidos.
El viajero propone y las compañías de transporte disponen. En realidad
el problema es aún mayor. No hay vuelos disponibles desde Santiago hasta
La Habana en los próximos días, por lo que no podré utilizar este medio
de transporte para llegar a tiempo a mi vuelo intercontinental, que sale
a las nueve de la noche del domingo 14.
Descartada la opción de viajar hasta la Isla de la Juventud, mi preocupación
es como recorrer los 900 kilómetros que me separan del aeropuerto de
salida. Viazul es siempre una opción, pero no me resulta sugerente la
idea de viajar durante 12 horas en una de estas aburridas guaguas para
turistas. Tras no pocas averiguaciones, descubro que hay un tren que parte
desde Santiago el sábado por la noche a las 23 horas y que tiene prevista
su llegada hacia las dos de la tarde del domingo. Quince largas horas,
noche incluida en un poco fiable tren cubano. Prometedor, arriesgado y
muy auténtico.
Mañana a las 8.30 de la mañana debo estar en la cola del Centro Único
de Reservaciones para comprar el billete. Si llego tarde, puede que se
haya vendido ya. Me arriesgaré. Un toque de emoción en la recta final
de mi viaje.
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Atardecer en Santiago de Cuba.
(12/8/2005)
Del
abrasador sol tropical, a esta hora de la tarde, sólo queda un resplandor
rojizo que se refleja con mil matices cálidos en las nubes que se divisan
a lo lejos, al otro lado de la bahía. Se adivina la esfera roja, ya baja,
tras una gran masa de nubes grises y compactas que adivino están descargando
agua sobre la Sierra Maestra. Más cerca las siempre tranquilas aguas
interiores, grises como casi siempre y apenas alterada su superficie por
la influencia de la suave brisa.
Y ya en esta ribera de la Bahía de Santiago de Cuba, la ciudad se muestra
al atardecer en todo su esplendor. Predominan los colores ocres de los
inmaculados techos de tejas de barro alternados con techos ruinosos de
oxidadas placas metálicas. El ocre se mezcla con el omnipresente verde
de Cuba. Aquí y allá manchas verdes salpican el paisaje urbano de la
capital del oriente. Algunas de las casas tienen en sus patios interiores,
grandes árboles que emergen altaneros entre los ocres techos. Islas verdes
en un mar de cemento, barro y metal.
Un perro callejero ladra. Una orquesta de salsa hace sonar su música,
probablemente en la cercana calle Heredia, cuna de la música tradicional
cubana. Un tipo negro proclama a los cuatro vientos su condición de vendedor
de yuca mientras avanza con pesados andares por la empinada calle que
viene de la orilla. Su voz se mezcla con la del niño que juega en una
terraza cercana.
Santiago de Cuba es música, es sonido, es aromas, es gentío.
La brisa del oeste aumenta su intensidad. Llovió ya en la sierra. Lloverá
pronto aquí.
Cae la noche en Santiago.
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Los quince de Diana.
(12/8/2005)
Para
toda mujer cubana, su fiesta de los quince es junto con el matrimonio,
la fiesta social más importante de toda su vida. Los quince son además
muy especiales, ya que con seguridad se celebrarán tan sólo una vez
en la vida. En Cuba es habitual que el matrimonio se celebre en más de
una ocasión.
En casa de Santiago
y Carmen andan atareados hace varios días con los preparativos de
los quince de Diana, su hija menor que se celebrará el próximo 19 de
agosto.
Una buena fiesta de los quince es complicada y cara de organizar. Los
quince de Blanca, la hermana mayor de Diana, costaron cerca de 1000 dólares
.Una cifra prohibitiva para la mayoría de familias cubanas.
Los quince de Diana serán más austeros. Me cuenta Santiago que los tiempos
andan duros, los precios caros y los suministros escasos. "Se hará lo
que se pueda, Compay".
Unos quince al uso, tienen que contar con un caro book fotográfico realizado
por un fotógrafo de prestigio, ya que estas fotos se enseñarán durante
toda la vida a los visitantes de la casa. Hay que hacer un vídeo del
acontecimiento. Hay que comprar un bonito vestido para la niña, y unos
buenos zapatos. Y maquillarla y peinarla como una reina. Es su presentación
en sociedad. Y hay que alquilar un equipo de música, y buscar un lugar
donde celebrar la fiesta. En una casa grande de una amistad o en un restaurante
o un hotel. Opciones caras estas últimas. Y lo más importante, hay que
organizar comida y bebida para todos los asistentes. Porque en una fiesta
que se precie todos deben comer y beber hasta saciarse.
A los quince de Diana acudirán más de cien invitados en total. Contando
a familiares, compañeros de colegio, amigos y vecinos. Mucha gente y
mucho que organizar. La fiesta se celebrará en casa de una amistad, la
cosa no está para alquilar un local.
Chago y Carmen andan estos días con los preparativos. Carmen no sabe
si hacer ella misma las ensaladas frías o cuadrar con una mujer que se
las da hechas por 18 pesos la libra. Anda echando cuentas a ver que le
conviene más. Chago anda peleando con unos tipos que le pueden alquilar
un equìpo de música a buen precio, aunque no acaba de cuadrar con ellos.
Y anda complicado con un negro que le ofrece la cerveza de pipa - al mayor
- a buen precio.
Hoy me han entregado la invitación para la fiesta. Desgraciadamente no
estaré en Cuba en esta fecha. Aunque seguro que en mi próxima visita
a la casa, Diana me mostrará las fotos y el vídeo de sus quince y será,
casi, como si hubiese estado allí.
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Libros, libros, libros.
(13/8/2005)
A Teresa Mendoza, la Reina del Sur, la dejé en Camagüey. En realidad
terminé de leer la novela de Pérez-Reverte camino de Cienfuegos, pero
hasta Camagüey no encontré a la persona adecuada para regalarle el libro.
Es contradictorio, en Cuba existe un eficaz sistema educativo gratuito
y buena parte de los cubanos tienen formación universitaria. Sin embargo,
en la mayoría de las casas no hay libros. Y no es una cuestión económica
ya que un libro en una librería estatal, viene a costar lo mismo que
una pizza de jamón y queso en la calle, unos 10 pesos cubanos. En Cuba
se ve mucho la televisión, todo el mundo escucha música, pero conocí
a poca gente que leyera libros. Resulta pues contradictorio, especialmente
si tenemos en cuenta que en Cuba todo el mundo tiene mucho tiempo libre.
Incluso las personas que trabajan, suelen hacerlo tan solo tres o cuatro
días a la semana. Y normalmente solo medio día.
Sin embargo, en Cuba existen buenos escritores, no hay duda. En una librería
de la calle República de Camagüey, donde se quedó la novela de Pérez-Reverte,
Zulema me descubrió algunos de los narradores contemporáneos cubanos.
Bien asesorado, compré allí dos novelas. "Allegro de habaneras" de Humberto
Arenal y "Sentada sobre el verde limón" de Marcial Gala.
La primera sin ser una gran novela, me resultó interesante, ya que narra
las relaciones entre las mujeres cubanas y los turistas de una forma entretenida
y reveladora. Habla de amor, pero también de jineterismo, al
tiempo que revela al lector cuan diferentes tipos de personas conviven
en la sociedad de Cuba. La novela de Marcial Gala, es harina de otro costal.
Con estilo narrativo repleto de fuerza y mala uva, cuenta la atormentada
vida de cuatro personajes con una personalidad arrolladora. Harris, el
viejo saxofonista alcohólico; Kirenia, la novia de 18 años de Harris
y lesbiana; Ricardo, el pintor rastafari que pasa el día entre alcohol
y marihuana; y Liset, la hija de Harris, jinetera y amante ocasional de
Ricardo y Kirenia. Una novela arrolladora, intimista, terrorífica. Apasionante.
Ayer bajé a la librería que hay en la calle Aguilera, muy cerca del
apartamento de Santiago y Carmen, con la esperanza de encontrar alguna
novela más de Marcial Gala. La apática mujer que me atendió, ni conocía
a este autor, ni sabía distinguir un autor cubano de un autor norteamericano,
así que decidí explorar por mí mismo los escasos volúmenes disponibles
en el local. Al final me llevé "Caniquí" de José Antonio Ramos, una
novela ambientada en la Cuba azucarera y esclavista del siglo XIX. Esta
novela me la recomendó Zulema en Camagüey, pero no la compré allí.
También compré dos libros de relatos cortos de un autor santiaguero
y de otro holguinero. Todo por 38 pesos cubanos, menos de 1,50 euros.
Una ganga. La dependienta solo sonrió cuando dejé 12 pesos de propina.
No por ganas, sino por no tener cambio.
En parte por la proximidad del final del viaje, en parte por no haber
podido salir de Santiago en el momento en que pensé en hacerlo, estos
últimos días me hallo sumergido en la lectura de literatura cubana.
Mi amigo Santiago anda preocupado "¿Qué pinga hace un español jodedor
como tú leyendo un libro tras otro?".
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La capacidad de adaptación del ser humano. Otra vez...
(13/8/2005)
Esta
noche me espera el tren, si no hay cancelaciones - el 20% de trenes se
cancelan en Cuba, confío en mi suerte -.